Miércoles 10 de Agosto de 2022

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INTERNACIONALES

22 de marzo de 2022

Hoy es el Día Mundial del Agua

“Hacer visible lo invisible”: el recurso oculto elegido por la ONU para celebrar este Día.

El Día Mundial del Agua se celebra cada 22 de marzo para recordar la relevancia de este líquido esencial. A pesar de que todas las actividades sociales y económicas dependen en gran medida del abastecimiento de agua dulce y de su calidad, 2 200 millones de personas viven sin acceso a agua potable. Esta celebración tiene por objetivo concienciar acerca de la crisis mundial del agua y la necesidad de buscar medidas para abordarla de manera que alcancemos el Objetivo de Desarrollo Sostenible No 6: Agua y saneamiento para todos antes de 2030.

Aguas subterráneas, hacer visible lo invisible

Este 2022 el foco de atención se centra en las aguas subterráneas, unas aguas invisibles cuyos efectos se aprecian en todas partes. Se trata de aguas que se encuentran bajo tierra, en los acuíferos (formaciones de rocas, arenas y gravas que contienen cantidades importantes de agua). Tras alimentar manantiales, ríos, lagos y humedales, las aguas subterráneas finalmente se filtran a los océanos. Su principal fuente de recarga es la lluvia y la nieve que se infiltran en el suelo y pueden extraerse a la superficie por medio de bombas y pozos.

La vida no sería posible sin ellas. La mayoría de las zonas áridas del planeta dependen por completo de este recurso, que suministra una gran proporción del agua que utilizamos para fines de consumo, saneamiento, producción de alimentos y procesos industriales.

Asimismo, las aguas subterráneas son decisivas para el buen funcionamiento de los ecosistemas, como los humedales y los ríos.

Es por ello que debemos protegerlas de la sobreexplotación -extraer más agua de la que se recarga con la lluvia y la nieve- y la contaminación que actualmente las acechan, ya que puede desembocar en el agotamiento de este recurso, en el encarecimiento de su tratamiento y regeneración y hasta la paralización de su uso.

Este año, reivindiquemos el estudio, la protección y la utilización de las aguas subterráneas de forma sostenible para sobrevivir al cambio climático y satisfacer las necesidades de una población en constante crecimiento.

El agua en números

Los números referidos a la seguridad hídrica no sólo se refieren al acceso al recurso o al costo que significa la inversión en saneamiento. La infraestructura y la gobernanza sobre el agua también incrementan la posibilidad de mejoras en la economía de un país.

Con una mayor seguridad hídrica, se puede reducir el costo económico anual del 2,2% del PIB, o US$ 11,8 mil millones. Más de la mitad de este monto total anual refleja las pérdidas en la calidad de vida, incluidos los efectos en la salud y la educación, de las personas que carecen de acceso a agua potable y saneamiento. Entre otros generadores de costos sustanciales se incluyen los impactos relacionados con el agua a partir de una mayor exposición al cambio climático, principalmente a las sequías, pero también a las inundaciones.

Las inundaciones son la amenaza más recurrente en Argentina (54% de los desastres desde 1970) y las sequías una de las amenazas más grandes en el sector agropecuario (especialmente alto nivel de riesgo para agricultura no regada como soja) con impactos anuales medios de hasta 3000 millones de dólares.

La falta de acceso a servicios seguros de agua y saneamiento de 7,5 y 21 millones de personas respectivamente (17 y 48 por ciento de la población total respectivamente) tiene un impacto económico estimado de 1,32 por ciento del PIB. La población sin acceso a agua de red tiene que pagar hasta un 460% más por agua segura (embotellada) de lo que pagaría en la factura del agua si estuviese conectada a la red.

Las inversiones requeridas en seguridad hídrica (infraestructura de riego, cobertura de agua potable y saneamiento) podrían aumentar hasta en un 2,7% el PIB del país para el 2030. En términos absolutos, esto significa US$15 mil millones adicionales por año en valor agregado.

Hasta aquí, el diagnóstico; sin embargo, sólo las inversiones no bastan. Es necesaria una política integral. Es por eso que el reporte elaborado por el BM deja algunas recomendaciones:

-Fortalecer la gestión de los recursos hídricos: implica mejorar en marcos regulatorios nacionales y provinciales, reforzar rol de organizaciones de cuencas, sobre todo en ámbitos de planificación, mejoras de capacidades técnicas y ampliar base información disponible y transparencia especialmente en relación con la disponibilidad y la calidad de agua superficial y del subsuelo.

-Reducir los riesgos hidrológicos y aumentar la resiliencia a sequías e inundaciones: generar sistemas de alerta temprana, infraestructura verde, uso adecuado del suelo, mejorar la planificación urbana y asegurar cumplimiento de normativas, mejora de la seguridad de presas, y ampliación de la capacidad de almacenamiento con particular énfasis en los emprendimientos multipropósito.

-Provisión inclusiva y sostenible del agua y saneamiento: priorizar la expansión de los servicios a los más vulnerables, reforma del marco regulatorio (nueva ley del agua potable y saneamiento); mejora de la eficiencia en la provisión de servicios, expansión del sistema de información y promoción de medidas de economía circular.

-Expansión de servicios de riego de forma sostenible para mitigar impactos de cambio climático: mejoras en la gestión eficiente y compatible con otros usos e integración en procesos de planificación de cuenca, recuperación de costes, nuevas formas de financiamiento con sector privado.

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